Noticia20 de octubre de 1890•La Opinión Nacional

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Caracas: Lunes 20 de Octubre de 1890. (Año XXIII - Mes X No. 6.323). Pág. 03. En: CRONICA. Titulo: TEATRO MUNICIPAL. Y bien: ¿en qué quedamos? Sucede con la actual compañía una cosa muy curiosa. Si hemos de juzgar de su mérito por la concurrencia que cada día afluye al teatro, hay que convenir en que ella goza por completo de las simpatías de nuestro público. Si vamos á emitir el juicio atendiéndonos á lo mucho malo que de ella se dice, resultaría que a la fecha ya debía haberse vuelto á su tierra. ¿Quién tiene razón? ¿Es el público ó son los críticos? Sea de ello lo que quiera lo cierto es que el empresario se atuza los bigotes cuando, como sucedió ayer, á las ocho de la mañana no había un solo sofá por venderse. Digamos ahora algo sobre los Hijos del Cebedeo. Todo el éxito de la pieza estuvo en Chaves y Villarreal, y á no ser por ellos los tales hijos hubieran ido sabe Dios donde. La Señora Torres tiene que luchar con un adversario terrible: el tamaño de nuestro teatro, construido expresamente para la Opera y que hace que voces pequeñas como la suya no se oigan casi nada. En Ya somos tres la Delgado hizo reír bastante porque á la verdad es muy chula. ¿Y donde me deja usted á Chaves? Contesten por nosotros las risotadas, del público. Entremos ahora al baile. El señor Torres cada día conquista más y más las simpatías de los concurrentes al Teatro, hasta el punto de que los más pesimistas concluyen por decir que van al Coliseo solo por verle. Y bien merece estos elogios quien tanto nos deleita en el baile. El de anoche fue una especie de revista de algunos de los principales bailes españoles, tan voluptuosos en lo general. Allí vimos un jaleo por la Miñano y Torres que nos transportó á la Andalucía, y de un brinco, á Aragón con aquella jota capaz de resucitar un muerto. Muchos aplausos conquistó Amelia en los pasos de la gracia y del sombrero, que tiene una reminiscencia con el baile gitano, y el publico más aplauden el final que es una especie de Sardana catalana ejecutada por todo el cuerpo de baile. Muy oportuna nos parece la idea de ir cambiando los bailes, á fin de hacer conocer á la mayor parte de nuestro publico un espectáculo que puede decirse apenas comienza á verse aquí. Además con ello se satisfacen todos los gustos y veremos desfilar el Cancán francés, que quema la sangre, la jota aragonesa que es un puro deleite, y el jaleo que es la moliere del baile, la tarantela alegre y risueña como el sol de Nápoles, para ver luego al olé de los gitanos, tan voluptuoso como seductor.

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Crónicas Musicales
El Cáliz de una florRafael Saumell