DIARIO DE AVISOS19 de agosto de 1857Diario de Avisos

OPERA ITALIANA

Miércoles 19 de agosto de 1857. (MES 8° - N° 176. TRIMESTRE 3° - N° 61)
EN: DIARIO DE AVISOS

TITULO: OPERA ITALIANA

En los dias 13, 15 y 16 del corriente, nos ha dado la compañía de ópera que actualmente trabaja en nuestro teatro, la nueva composicion del Maestro Verdi, Il TRAVATORE, cuyo argumento es sacado del bellísimo drama de D. Antonio García Gutierrez, poeta y literato español, que lleva el mismo título, y que ha dado rico motivo al compositor, para poner en música escenas romanescas, escenas trágicas, escenas cómicas y de otros varios carácter. La idea es feliz, y despues de lo que han hablado la prensa europea y los mas hábiles críticos, de mas estaria cualquier aditamento de nuestra parte en su elogio. Ahora en cuanto á la concurrencia que le haya dado el músico al poeta como Mozart á Tirso de Molina con su D. JUAN, hay, como es de presumirse, opiniones varias, no faltan quien encuentre felicísimos los aires españoles que canta Manrique en la guitarra, Fernando en la aria del primer acto, y sobre todo la gitana Azucena; quien juzgue bien trabajado y calculado el terceto final de este acto, el coro de los herreros, el aria del suplicio y el tercetino del cuarto acto. Mas otros rigoristas encuentran mutilado el pensamiento dominante del quinteto, justamente cuando llevaba un arranque robustísimo, un juego armónico complicado y transiciones bemoladas sumamente raras; encuentran inadecuado é impropio el canto de Manrique desde la torre, porque parece mas bien una serenata que los quejidos y gritos desgarradores de un condenado á muerte; encuentran que el dialogo siguiente entre Leonor y Manrique, tiene el mismo defecto en vano el actor se esfuerza en buscar emociones tristes obligado á cantar aires alegres, violentos y en tono mayor: otros defectos se le han notado por los inteligentes, pero como el público, en cambio, está divertido con la diversidad de música, la intriga feliz del drama, y los accesorios de martillos campanas, órganos, monjas, hoguera &c., la ópera es de grande espectáculo, y ha sido bien acogida en todas partes, aunque es probable que su agrado sea pasajero.
Este exordio es en cuanto á la ejecucion por la compañía lírica, no podemos decir mas, sino que ojalá encontrara siempre el autor, actores como los que tenemos hoy en Carácas, para que apareciese mejorada la música de “El Trovador”. Fernando ó séase el Sr. Gasparoni, cantó con aquella gracia española, su aria de introduccion. La protagonista Leonor ó séase la Sra. Saemann de Paez, hizo furor en la cavatina de la ópera, exornándola ella de su propio talento con variadas cadencias que producían unas terminaciones felicísimas y que el público, comprendiéndolas con el marcado instinto caraqueño, las ha palmoteado y aplaudido estrepitosamente. Luego apareció el Sr. Morelli, ese actor consumado, en quien reconocemos dotes muy superiores representando al Conde de Luna, y cantó una aria de bajo cantable, con suma precision y gusto; mas la Srita. Aldini, ah! ¡Cuánto entusiasmo ha producido su accion en el papel de Azucena! ¡Cuántas flores le ha prodigado el público! Poseída hasta lo íntimo de su papel, lo ha caracterizado con maestria, con ese conocimiento profundo de las pasiones y de las afecciones del alma, que solo se expresan en la zona tórrida ó en las naciones meridionales de la Europa. Si su papel no es fuerte en la composicion musical de Verdi, en contraste es terriblemente enérgico en la accion dramática y ella sobrepasó, sí nos es permitido decirlo, á la intencion del autor.
El quinteto final del segundo acto fue espléndido: los dos bajos unísonos de Morelli y Gasparoni sostenido y alternado con el soprano de la Saemann y el tenor de Tiberini, la melodía aguda, rellenada con el coro, produjo gran sensacion en el auditorio, pero llegó á su colmo cuando en una cadencia de la prima donna, preparó el final, destacándose desde un re bemol sobre agudo, limpio y claro, y resolviéndolo con maestría, poder, gracia y mucho interes. El oido quedó saturado de armonía, y el alma rebosada de grato placer.
El jóven Tiberini caracterizó su papel de Manrique Trovador, cantando con la guitarra en el primer acto y luego en el tercero con orquesta, la fortísima aria de tenor que le corresponde; solo sí notamos que la presencia de la prima donna en el escenario sin objeto ni canto alguno, durante esta aria, es fría y sin duda, que debió retirarse, porque en las tablas no debe aparecer sino el actor que tiene que hacer algo en ellas.
El cuarto acto ó séase el suplicio, fue sentimental y conmovedor. Aquí apuró la Sra. Saemann los inagotables recursos de sus ecos dulcísimos de su canto cristalino, de su escuela clásica y concienzuda. Las primeras notas de su aria arrancaron lágrimas á las almas sensible y á ella misma, si nuestra vista no nos es infiel, la vimos toda conmovida y llena de sentimiento, llorar en aquellas frases que anteceden al Miserere. El público en general se entusiasmó de tal manera, que presentó á la actriz un testimonio vivísimos de su aprobacion.
En suma la repeticion de El Trovador estuvo mejor el sábado que el juéves; y el domingo mucho mejor que los dos dias anteriores. Los artistas se han esmerado todos y les damos por tanto las mas cumplidas enhorabuenas. Fáltanos ahora hablar de los jóvenes coristas y los profesores de la orquesta. El coro de los gitanos herreros estuvo tan bien organizado y tan acerados los golpes de martillo de acuerdo con el compás de la música, que hizo un efecto sumamente agradable. Es esta la ocasion de hacer el elogio de nuestros coristas que, sin mayores ensayos, desempeñan sus papeles perfectamente bien, con precision é inteligencia. Solo en Carácas se habria representado una ópera como la de Ernani con un ensayo! Esto debería ser parte para que se les tratase mejor, se les tratase mejor, se les considerase como es debido y no hubiera el disgusto muy sensibles. No diremos mas por ahora.............
La orquesta ha tocado con una rigorosa exactitud, que debe asombrar al Sr. Nicolao y á los mismos actores, pues estamos ciertos de que toda la América no hay, ni mas talento, ni mejores orquestas del pais respectivo, que en Carácas.
Carácas, Agosto 18 de 1857.- M. L.
(Adoptado por la Redaccion)
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